Detección precoz de los defectos de refracción
Introducción
La hipermetropía, miopía
y astigmatismo son los defectos refractivos más comunes y se deben detectar y
tratar en la edad infantil.
Los defectos de refracción o ametropías son
todas aquellas situaciones en las que, por un mal funcionamiento óptico, el ojo
no es capaz de proporcionar una buena imagen. Los errores refractivos, como la
hipermetropía, miopía y astigmatismo, son problemas muy comunes en los ojos. La
mayoría de las personas lo padecen y suelen ser fácilmente corregidos con una
prescripción óptica adecuada. La detección precoz de los mismos es muy
importante para evitar problemas de ambliopía en la edad adulta.
Aproximadamente, el 20 por ciento de los niños
padecen defectos de refracción significativos y el éxito del tratamiento
dependerá del estudio y tratamiento temprano.
Tipos de ametropías
En un ojo normal o emétrope, los rayos de luz convergen sobre la retina,
dando lugar a imágenes nítidas. Los defectos de
refracción son aquellos que impiden que los objetos se vean con claridad. Básicamente,
son tres.
Hipermetropía
Es la ametropía más
frecuente de la edad infantil y suele ser fisiológica.
Los rayos de luz que entran en el ojo, en
lugar de reunirse en un punto de la retina, lo hacen detrás de esta, cuando el
ojo está en reposo. Es la condición óptica normal en el niño y persiste durante
toda la vida en el 50% de la población. Tiende a decrecer en la adolescencia,
estacionarse en la edad media y aumentar en la vejez, debido a los cambios del
cristalino.
El ojo hipermétrope es pequeño. Según la
magnitud del error, puede ser:
• Baja: defectos
de 0,25 a 3 D. La agudeza visual no suele alterarse.
• Media: defectos
de 3 a 5 D. Puede afectarse la agudeza visual.
• Alta: defectos
de mas de 5 D. La visión es siempre más baja de lo normal.
El niño hipermétrope ve bien pero se cansa con
el esfuerzo visual sostenido. Las manifestaciones clínicas de la hipermetropía
dependerán del grado de la misma, puede ser asintomática si el defecto es leve
y el niño tiene buena capacidad de acomodación, o cuando esto no ocurre los
síntomas serán los correspondientes a ese esfuerzo acomodativo:
• Ojos enrrojecidos después de la lectura o
escritura.
• Cefalea, sobre todo en las regiones frontal
y occipital, que tienden a agravarse durante el día y disminuyen al cesar el
esfuerzo visual.
• Estrabismo convergente esporádico o
permanente.
• Bajo rendimiento escolar.
• Lagrimeo, orzuelos de repetición, fotofobia…
Cuando la hipermetropía es alta, el síntoma
principal será la visión borrosa, sobre todo en distancias próximas, el niño
alejará los objetos para mejorar su visión. El trastorno se agrava por la
actividad continuada, sobre todo a corta distancia.
Si una hipermetropía intensa no se corrige de
niño, la agudeza visual será mala, dando lugar a una ambliopía que será más
intensa si existe diferencia de graduación de un ojo a otro y secundariamente
puede dar lugar a un estrabismo convergente por un exceso de convergencia. Las
hipermetropías elevadas también conllevan un aumento de riesgo de glaucoma por
ser ojos pequeños con córnea aplanada y cámara anterior poco profunda. El
astigmatismo se asocia con gran frecuencia a la hipermetropía. El estrabismo
convergente muchas veces es el debut de una hipermetropía elevada(3,4).
Miopía
Es el problema visual con mayor prevalencia en
el mundo, sobre todo en la comunidad asiática, siendo su incidencia en España
aproximadamente de un 30%.
En el ojo miope, la imagen de los objetos
situados en el infinito se forma delante de la retina. Es un ojo cuyo eje
anteroposterior es más largo de lo normal. La agudeza visual disminuye
claramente en visión lejana incluso en miopías ligeras de 0,5 a 1 D. En
distancias próximas la visión es buena.
El niño miope ve mal de lejos y se acerca a
los objetos próximos para verlos bien, suele guiñar los ojos para verlos
mejor.
Factores de riesgo de la
miopía
• Genéticos.
• Raciales y culturales.
• Ambientales y geográficos.
La miopía es más frecuente después de la edad
infantil. Puede ser congénita o adquirida. La primera suele ser elevada, mayor
de 5 D y no suele aumentar durante la época del crecimiento. En cambio la
adquirida suele aparecer en la etapa escolar y aumentar después.
Algunas enfermedades congénitas se asocian a
miopía precoz, como el albinismo, síndrome de Down, rubéola congénita o
síndrome alcohólico fetal, entre otras.
El síntoma cardinal del miope es la mala
visión lejana que le obliga a acercarse exageradamente los objetos y a cerrar
la hendidura palpebral. Tienen mala adaptación a la oscuridad porque las
pupilas tienden a la midriasis o dilatación pupilar. Las revisiones periódicas
son de suma importancia para detectar y tratar las posibles complicaciones que
pudieran aparecer.
Astigmatismo
En este caso, la potencia óptica del ojo es
diferente en los distintos meridianos debido a diferencias entre los radios de
la curvatura corneal. Hay tres tipos básicos de astigmatismo: hipermetrópico,
miópico y mixto. Puede existir aislado o asociado a miopía o hipermetropía.
Cursan con una agudeza visual relativamente
baja cuando son altos, la imagen no puede ser enfocada con nitidez ni en la
visión lejana ni en la cercana. El esfuerzo acomodativo de los pacientes no
adecuadamente corregidos conlleva una fatiga o astenopia. También, es frecuente
el parpadeo y las modificaciones en las posiciones de la cabeza, la congestión
conjuntival después de la lectura, cefalea y el bajo rendimiento escolar.






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